Cuando don Juan Ramírez de Velasco fundó la ciudad de Todos los Santos de la Nueva Rioja en 1591, se demarcó la Plaza Mayor y a una cuadra hacia cada punto cardinal se asignó una manzana a cada orden religiosa; la del nordeste correspondió a los dominicos. Allí se edificó a partir de 1600 el conjunto de templo y convento solventado por Pedro Ramírez de Velasco, hijo del fundador de la ciudad.